Mi vida con Artritis Reumatoide

Siempre he sido una persona deportista. Ya de pequeña jugaba a fútbol, tenis, frontón o pádel. En 1998 gané la Volta a Peu de la Pobla de Farnals: 2o en la general y la primera mujer con tan solo 13 años. Durante mi juventud me aficioné al snowboard, senderismo, alpinismo y running. He llevado una vida sana y activa desde que tengo uso de razón, pero en 2020, con la pandemia todo mi universo cambió.

2020: el diagnóstico

En marzo de 2020 mis pies dejaron de responder, me dijeron que era una tendinitis; se resolvió a los pocos días. En agosto empecé con molestias en las rodillas, no las podía doblar, luego las manos se agarrotaron. Los especialistas estaban colapsados con casos de COVID, pasé por varios traumatólogos, pero no sabían lo que me pasaba y no fue hasta octubre cuando me hicieron pruebas específicas y me diagnosticaron Artritis Reumatoide. Una enfermedad autoinmune, degenerativa e incurable, tenía 35 años y una hija de 3.

Inicios y evolución
De octubre de 2020 a febrero de 2021 perdí totalmente la movilidad de absolutamente todas mis articulaciones. No podía mover: cuello, hombros, cadera, muñecas, dedos, codos, rodillas, tobillos, dedos de los pies, ni pisar con la planta, debía caminar con los laterales de los pies. Eso unido a tremendos dolores insoportables que ni con medicación cesaban y un cansancio que me impedía salir de la cama. La sensación al levantarme era como si me hubieran dado una paliza. Fueron cuatro meses tortuosos en los que no podía valerme por mi misma, necesitaba ayuda para todo. Me tuve que dejar mi trabajo en Antena 3 noticias y esperar evolución.

Limitaciones
Durante esos cuatro meses no podía realizar las siguientes tareas: abrir botellas, coger peso, abrir la nevera, tumbarme en la cama o sofá, agacharme, secarme el pelo, pintar cuadros con pincel, beber de una botella, peinarme, lavarme los dientes, tareas del hogar, bajar y subir escaleras, saltar, bailar, caminaba y me vestía y desvestía con dificultad… Era totalmente dependiente.

La cura
En febrero de 2021 me informan de los tratamientos biológicos. Hasta ese momento me medicaba con metotrexato y paliativos de dolor e inflamación. Pruebo un nuevo fármaco en el Hospital La Fe, experimental, que solo se había probado con 80 paciente y funciona, en dos semana comienzo a mover las manos y el cuello. Los pies me dejan de doler y empiezo a caminar normal. Durante todo el 2021 me centro en reaprender a moverme, cogiendo objetos, haciendo ejercicio y decido empezar de nuevo a correr. primero 2 minutos, luego 5…

2022
Recupero la fuerza. Me siento menos fatigada, con ganas de seguir haciendo cosas, de moverme, de retarme. Regreso al gimnasio y decido, en dos meses, prepararme la 15k nocturna de Valencia. La hago sin problemas y en dos semanas corono el Aneto, 3.404m en 12h. Desde ese momento, decido que cada año voy a hacer un tresmil y una carrera.

2023
Me dejo la medicación y nace mi hija pequeña, Tábata.

2024
Escalo otro tresmil, el Aragüels, 3,048m y hago lactando y diluviando la Media Maratón de Valencia en 2:08 minutos. A los 3 días me da un brote en el brazo derecho y pierdo de nuevo toda la movilidad. Se me sale el líquido sinovial de la escápula, codo y muñeca. Voy a La Fe, me infiltran y como nueva.

2025
Me apunto a judo y me saco el cinturón amarillo, hago una 10k y escalo otro tresmil, el Tempestades, 3.296m.

2026: mi gran reto, La Maratón de Valencia
Sigo haciendo judo, entrenamiento funcional, pádel, me aficiono al pickleball y, por supuesto, sigo corriendo. En diciembre la Maratón de Valencia. Este es, sin duda, el gran reto del año y de mi vida,  junto a otro tresmil que abordaré en agosto.

Llevo desde enero preparando mi cuerpo física y mentalmente para esta prueba que es más que una carrera. Es un reto personal, una manera de decirme que puedo con todo pese a mi enfermedad. Una forma de demostrarle a las personas con artritis que se puede, se puede mejorar, se puede competir casi al mismo nivel que el resto y  no hay que tirar la toalla. El inicio es muy doloroso y desesperante, pero si se trabaja: cuerpo, mente, descanso, alimentación y una medicación eficaz, se puede conseguir una mejora notable en la calidad de vida. A día de hoy, tengo pocas limitaciones, me voy adaptando y nunca digo: no puedo, a nada. Y lo más importante, no me siento inferior a nadie por tener una enfermedad autoinmune. Al final, todos tenemos algún problema…

¿En qué me limita la artritis actualmente?
La artritis me sigue produciendo a día de hoy mucha fatiga física aunque haya descansado bien y no haya hecho ejercicio. Me levanto y me acuesto cansada. Esta condición me afecta a nivel deportivo, ya que podría rendir mucho más. Si hago un sobre esfuerzo, por ejemplo, una media maratón, luego es probable que tenga un brote y se me bloquee alguna articulación. Afortunadamente, ya no tengo dolores diarios y he recuperado mi fuerza al 90%.

¿Qué me ha ayudado en el plano psicológico?
Sin duda, el deporte y el arte. Sin mis dos aficiones, a día de hoy, no estaría ni la mitad de bien. Han sido claves para mi recuperación. Me estrené en galerías de arte, Galería Cuatro, justo en diciembre de 2020, en pleno brote. Sin esa ilusión, no hubiera podido ni salir de casa.

Sobre la Artritis…
Es una enfermedad inflamatoria crónica, incurable y degenerativa de origen autoinmune. El sistema inmunitario ataca por error el revestimiento de las articulaciones. El cuerpo causa una inflamación que, si no se controla, puede dañar el cartílago y el hueso de la articulación. No solo afecta a los huesos; en casos graves puede afectar pulmones, corazón y ojos.

Al despertar, las articulaciones están agarrotadas y puede costar horas recuperar el movimiento normal. Dificultad para realizar tareas de precisión como abrocharse botones, abrir botes, escribir o caminar distancias largas. El agarre se debilita considerablemente debido al dolor y la inflamación. No es un cansancio común; es una fatiga crónica y debilitante que acompaña a los brotes de la enfermedad y que no siempre mejora con el descanso. Con el tiempo, si no hay tratamiento, las articulaciones pueden perder su alineación, lo que genera una discapacidad física permanente y requiere adaptaciones en el entorno.

Al ser una enfermedad «invisible» y fluctuante, unos días estás bien y otros no puedes levantarte, suele generar mucha frustración e incomprensión social.

La detección temprana es fundamental. Hoy en día, gracias a los tratamientos biológicos, muchas personas logran la remisión, hacer vida normal sin síntomas, algo que hace décadas era casi impensable.